El laberinto encriptado de la moneda

Por Marco Mallamaci

PDF

Entre dólares, pesos y dinero digital

No hay dólares para crecer: “Los argentinos tenemos la vocación de ahorrar en moneda extranjera”, explicó Miguel Ángel Pesce[1] luego de confirmar el martes 15 de septiembre que se aplicaría una nueva retención del 35% a la compra de dólares para atesoramiento (tasa que se suma al 30% que regía bajo el concepto de “impuesto solidario – PAIS”).  Para fundamentar su medida Pesce recurrió al trabajo de Luzzi y Wilkis, El dólar, historia de una moneda argentina, marcando que los argentinos tienen una relación muy particular con la divisa norteamericana desde la década de 1930 (precisamente el contexto histórico en que comenzó a funcionar el Banco Central, 1935).  En dicho trabajo Luzzi y Wilkis retoman la idea de “monedas especiales” (de Zelizer[2]) para mostrar cómo, lejos de tratarse de un instrumento neutro, el dinero funciona como un fenómeno definido en su forma social e histórica. Esto significa que, determinadas relaciones y ámbitos específicos de circulación, usos y experiencias colectivas transforman a las monedas en elementos portadores de significaciones particulares. A partir de esta definición el dólar podría ser pensado en el contexto argentino como una “moneda especial”[3] que se popularizó a partir de la década de 1950, pasando a ser un dato más de la realidad cotidiana: junto al pronóstico del clima o el informe de tránsito, la cotización del dólar define el humor social y la agenda de temas diarios.

Tal es la relación especial con la moneda estadounidense que, concretamente, desde 1931 hasta 2020 Argentina vivió más de 40 años bajo controles cambiarios[4]. En definitiva, una especie de problema crónico y central en la vida socieconómica argentina: el rol del dólar, su función dentro de los esquemas de política económica, su poder sobre las dinámicas concretas de crecimiento, inversión, inflación y productividad.  En este sentido, en medio de un año signado por la pandemia global el historiador Pablo Gerchunoff publicó un comentario de Twitter sobre la centralidad del dólar para un país como Argentina, incluso en un contexto donde lo económico no puede ser desligado de las políticas sanitarias.  Gerchunoff[5] preguntó qué sucede cuando una crisis fiscal monetaria coexiste con una crisis social-productiva.  La respuesta es que los Estados se ven obligados a imprimir dinero. Esto lleva, para Argentina, automáticamente a la dimensión del dólar. La ecuación es casi una estructura del sentido común: el Estados emite dinero (pesos), la emisión destruye la moneda y genera inflación, la gente busca el dólar para conservar valor; finalmente, la salida es un juego de compra-venta de divisas entre el Banco Central y el mercado cambiario.  Entonces, el pensamiento ortodoxo sentencia: los argentinos no quieren pesos, no hay demanda.

En teoría, en un año de casi nula producción, sin turismo y con una fuerte limitación cambiaria, debería haber menos requerimiento de dólares; entonces ¿cómo es que el Banco Central de todas formas pierde sus reservas y en el mes de septiembre se ve “obligado” a reforzar los controles mediante un impuesto? El esquema es el mismo de los últimos 50 años, si se produce más se requieren más dólares para importar insumos, pero si no se produce o se importa menos, los dólares de todas formas son necesarios porque ante la emisión de pesos o bien se expande el consumo y se genera inflación, o bien diversos sectores se deshacen de dichos pesos y demandan dólares para conservar valor.  Entonces: ¿cuántos dólares hay que generar para que la expansión económica equilibrada sea viable?  Se trata del eterno retorno argentino: no hay dólares para crecer.

Explicando las últimas medidas restrictivas Pesce remarcó ciertas definiciones que son recurrentes en la historia argentina: “no hay razón para que el peso se devalúe”, “la medida es necesaria para preservar las divisas y sostener el nivel de actividad” y “de ninguna manera tiene que haber aumento de precios”[6]. La problemática se acerca al clásico análisis sobre variables macroeconómicas, funciones monetarias, producción y consumo; lo cual ha sido trabajado profundamente en los textos de Diamand[7], donde se estudia cómo la relación entre los costos internos de un producto y el tipo de cambio es uno de los factores fundamentales de la economía. El mecanismo se habría tornado problemático cuando un sector específico como el agropecuario logró gozar, no solo de ventajas naturales, sino de la capacidad de fijar los tipos de cambios, llevando el esquema hacia un desfasaje estructural para la valoración de la moneda en sí.  También en Prebisch[8] y la escuela estructuralista se puede encontrar un análisis en torno al rol de la moneda estadounidense y la eterna insuficiencia de divisas en las economías periféricas.

El problema argentino sería, en definitiva, una especie de bimonetarismo que no logra generar confianza en la moneda nacional y desemboca recurrentemente en fugas masivas de capitales. Este es el laberinto frente al cual el Banco Central responde una vez más ahogando la compra de dólares.

 

Bancos Centrales Digitales: emitir dinero en la e-conomy

Sobre dicho mapa cabe articular otro eje de preguntas que surgen desde la economía digital del siglo XXI.  Para los defensores del libertarismo clásico, el problema monetario se reduce al rol del Banco Central, acusado por ser el origen de la inflación. Pero, el siglo XXI ha dado forma a un nuevo libertarismo tecnocrático que ve en la potencia de la digitalidad y la economía algorítmica una instancia de regulación que permite una forma de (aparente) resistencia frente al poder centralizado de los Estados. Si tal como planteaba Hayek, la intervención del Estado genera una dinámica artificial sobre la dimensión monetaria y el orden espontáneo de los mercados; la tecnología digital se presenta (desde la perspectiva tecnolibertaria) como un mecanismo puro y eficiente, capaz de complementar dicho orden espontáneo e impersonal motorizado por la oferta y la demanda.

Desde dicho ethos tecnológico propio del siglo XXI, ha surgido una firme defensa de las (ya conocidas) criptomonedas; estas serían el camino para el futuro del dinero, liberado de las intervenciones estatales.  Más allá las propuestas (muchas veces) utópicas sobre la digitalización del dinero, lo concreto es que las criptomonedas suben fuertemente su valor cada vez que se conforma una crisis bancaria, financiera o surge alguna inestabilidad con los Bancos Centrales[9]; por ejemplo, con la crisis financiera que involucró al Banco de Chipre (en 2013) hubo una enorme corrida hacia criptoactivos.  En el caso argentino, las inversiones en criptomonedas han funcionado como una forma de apostar al futuro, como una reserva de valor y también como un mecanismo para intentar eludir las trabas del cepo al dólar.

Cada vez que las estrategias gubernamentales, la disminución de reservas del Banco Central, o las dinámicas macroeconómicas castigan a la economía argentina, el resultado pareciera ser restricciones al libre flujo del peso hacia reservas de valor más confiables. Esto, inevitablemente genera ansiedad sobre cómo preservar el valor de los ingresos, incertidumbre de empresarios e inversores para asegurar pagos de compromisos o importar bienes de capital e inseguridad en los ahorristas y depositarios del sistema bancario. Finalmente, los mercados paralelos de divisas se suman a todo tipo de alternativas y maniobras con tarjetas de créditos, compras online y compra-venta-reventa, para escapar del peso.

En este escenario las criptomonedas han sido una alternativa novedosa propia del siglo XXI. Su funcionamiento, al margen de las normativas centralizadas, permitieron que muchos las entendieran como un instrumento que permite comprar “legalmente” con pesos y de allí moverse al dólar; pero lo cierto es que los criptovalores son considerados una especie de activo financiero y sus tenencias deben ser declaradas (aunque su categorización es todavía incierta). A esto se suma que en los últimos años se han conformado servicios de brokers que operan con criptomonedas armando grupos de clientes e inversores que están sujetos a solicitudes de información por parte de organismos estatales[10].

Ante los problemas de los criptovalores por su gran volatilidad, la dificultad para regularlos y el uso informal en fraudes o lavado, han surgido dos mecanismos fundamentales; por un lado, las stable coins, monedas que anclan su valor al dólar y logran solucionar el problema de la volatilidad, y por el otro, las monedas digitales de los Bancos Centrales. Si en un primer momento los Estados y Bancos tomaron posiciones contradictorias sobre la definición de las criptomonedas, algunos años después comenzaron a surgir proyectos firmes para el futuro del dinero digital.  El Banco Popular de China inició las primeras pruebas con el Yuan digital, el Banco de Francia avanzó con proyectos y ensayos para una moneda digital[11] y el Banco de Suecia presentó una criptomoneda estatal de Europa, la e-Krona[12]. En Argentina el panorama es diverso.  Respecto a la relación entre dinero y digitalidad, durante 2016 el Banco Central implementó medidas para incrementar y facilitar las operaciones electrónicas a fin de eliminar el uso de efectivo (plataformas de Pagos Móviles y Pago Electrónico Inmediato). Luego, en octubre de 2019 emitió la Comunicación “A” 6823 que dispone que los emisores de tarjetas deben obtener la previa conformidad del BCRA para realizar pagos al exterior en relación a la adquisición de criptoactivos. Finalmente, con la Comunicación “A” 7030 emitida en mayo de 2020, el BCRA considera a los criptoactivos como activos externos líquidos, es decir que permiten obtener disponibilidad inmediata de moneda extranjera.

A comienzos de 2020 surgió la primera propuesta de comenzar a proyectar una moneda digital argentina, Martín Redrado (expresidente del Banco Central) sugirió que, entrar en el nuevo mundo del dinero digital sería beneficioso para el Banco Central y para la economía argentina[13].  No solo las autoridades del Banco Central desestimaron el planteo, sino que la comunidad tecnolibertaria impulsora de las criptomonedas interpretaron que un peso digital sería como un mecanismo para ejercer mayor control sobre las finanzas de la población; lo cual iría en contra del espíritu descentralizador de los criptovalores. De todas formas, el Banco Central[14] ha comenzado con los primeros proyectos en torno al uso de blockchain[15] en instrumentos financieros, lo cual no tiene que ver directamente con pensar en una moneda digital.

Otro tipo de propuesta es la de Burbach[16], quien afirma que, una alternativa para el Banco Central sería destinar pequeños porcentajes de reservas a divisas virtuales, a fin de comenzar a explorar las nuevas tecnologías dinerarias. El cálculo de Burbach es el siguiente: el Banco Central, en 2014 cerraba el año con el nivel de reservas en U$S 31.500 millones, si se hubiera adquirido 5% en bitcoin (U$S 1.575 millones), un tiempo después el volumen invertido equivalía a más de U$S 67.000 millones (monto suficiente para cancelar la deuda que tuvo que afrontar la gestión de Guzmán).

Lo concreto es que la digitalidad ha abierto un camino inevitable para la transformación del dinero y sus mecanismos de emisión. En diversos sentidos varios países han comenzado a explorar las posibilidades y a proyectar dicho futuro. En Argentina el crecimiento de las criptomonedas ha sido exponencial, pero desde la autoridad monetaria central parece no haber un posicionamiento claro o una estrategia al respecto. La relación peso-dólar ocupa el centro de la escena y no deja lugar para una temática que navega entre el futurismo, lo utópico y lo (aún) incomprensible.

 

Ecosistema de criptomonedas en Argentina

Según el sitio coinmarketcap, a junio de 2020 existían 2677 criptomonedas que suman una capitalización de 330.000 millones de dólares (para dimensionar: el 3/07/2020 el Banco Central acumulaba U$S 43.242 millones, la capitalización de una empresa digital como Mercado Libre era 13% mayor al total de dichas reservas y la deuda pública en reestructuración era de U$S 65.000 millones)[17].  Dichas criptomonedas cotizan entre sí en el mercado y en referencia al resto de las monedas nacionales.  Para los defensores de la tecnoeconomía digital descentralizada se trata de la gobernanza de la red, basada en consensos, en el poder de sus usuarios y en la (supuesta) democracia virtual apoyada (en muchos casos) sobre la tecnología blockchain.  En Argentina se estima que hay aproximadamente 900.000 usuarios de estos activos, ubicándose como el mayor mercado de Latinoamérica.  La Ciudad de Buenos Aires se ubicó (según Forbes) en el segundo principal mercado a nivel mundial, solo superado por Praga y por encima de San Francisco que se ubica en tercer lugar, mientras en la Cámara Argentina de Fintech hay 200 empresas registradas para el uso de criptoactivos.

En el país han surgido diversos proyectos relacionados a los criptovalores: sitios de compra y venta de divisas digitales (exchange), billeteras virtuales para almacenar criptomonedas (wallets), emprendimientos de minería y empresas de programación, grupos experimentales, cajeros de bitcoin, servicios de préstamos y verificación de documentos, plataformas de creación de criptomonedas, etc.  Las empresas más importantes de este ecosistema (en cantidad de usuarios y en facturación) son las que ofrecen servicios financieros basados en blockchain; algunas de ellas son: Bitex, Satoshi Tango, Ripio, Inbest, Wayniloans, BTC Trade.  Una de las billeteras que ha crecido fuertemente es Argent. Matthew Wright, Head of Strategy & Operations de la firma marca que Argentina es el segundo mercado en importancia de la empresa, detrás de Estados Unidos[18].

Pareciera ser que el rol especial de los dólares se comienza a combinar con las criptomonedas, lo que algunos interpretan como una estrategia para escapar del riesgo de la constante devaluación del peso. Pero lo cierto es que quienes encontraron en las criptomonedas un puente para llegar al dólar, debieron recalcular sus estrategias, ya que el Banco Central logró interceptar el camino peso-cripto-dólar atacando los “coleros virtuales”. Arceo[19], fundador de BtcArgen plantea que entre en 2013 y 2014 fue cuando comenzó a haber usuarios del público en general y esto estuvo directamente relacionado con las restricciones del Banco Central. Para Arceo no solo las políticas monetarias hacen que Argentina termine siendo un país muy propenso a utilizar bitcoin, sino que en las criptomonedas podría encontrarse una alternativa real a las restricciones, la inflación y la crónica devaluación del peso.  El mercado argentino de criptovalores se sostiene sobre una serie de relaciones matemáticas muy particular y compleja, operando fundamentalmente entre dos de las monedas más inestables del mundo, el peso y el bitcoin.

Actualmente, la definición, usos y posibilidades de las criptomonedas es un terreno difuso; estas permiten: enviar dinero a cualquier parte del mundo, hacer pago de bienes y honorarios, ahorro, cambio de moneda local a dólar u otras divisas, tomar créditos (por ejemplo, los préstamos con DAI son tres veces más baratos en intereses que los de los bancos), o bien invertir en fondos comunes. De esta forma, muchos argentinos están apostando a las finanzas descentralizadas[20] (DeFi), que surgen como un elemento más dentro del drama siempre inconcluso entre el peso y el dólar.

 

Argentina en el futuro laberíntico del dinero digital

El concepto de dinero en su sentido más amplio no puede ser reducido al sistema monetario bancario público-privado, ni a un futuro supuestamente algorítmico; los diversos modos del dinero tienen que ver con las lógicas específicas de la vida colectiva de una sociedad.  El mundo del siglo XXI está inserto en la digitalidad y con ello en circuitos económicos atravesados por la informática, la programación y la hiperconectividad algorítmica, esto ha abierto un amplio horizonte de debates en torno al futuro del dinero, las nuevas formas de monedación propias de la digitalidad y la posible obsolescencia de los sistemas tradicionales[21].  Si el dinero como medio primordial de intercambio del capitalismo, con su eje centrado en la institución mercado, ha evolucionado sobre un triple proceso de abstracción, centralización y control[22]; ante el horizonte cibernético se abre la pregunta sobre la necesidad de pensar, no solo nuevos tipos de monedas, sino nuevas capacidades para los Bancos Centrales.

Desde la definición de Théret[23], el funcionamiento de las monedas descansa esencialmente en una forma de confianza societaria. Cuando una economía se integra en forma virtuosa la pregunta en torno al dinero pasa desapercibida; pero en periodos de crisis los mecanismos monetarios se desestructuran y el funcionamiento rutinario de la moneda es cuestionado.

En el caso argentino se suma una serie de elementos; por un lado, se trata de una sociedad que cuenta con una de las mayores comunidades informáticas de Latinoamérica; y por el otro, la incertidumbre financiera y la debilidad de la moneda nacional son una constante. Para el trabajo del mundo digital pareciera no tener sentido cobrar en dólares y pagar más del 30% (+ otro 35%) al momento de liquidar a pesos, por eso muchos desarrolladores marcan que en ese ámbito es normal cobrar sueldo en criptomonedas[24]. No es casual que en Argentina dichos servicios financieros hayan triplicado su cantidad de usuarios en los últimos años. Para algunos, la razón es principalmente que ofrecen una alternativa real ante la devaluación del peso o ante la imposibilidad de dolarizar los ahorros[25]. En definitiva, pareciera innegable que la relación entre la sociedad argentina, el Banco Central y el peso está trenzada sobre la falta de confianza en la moneda[26].

Tal como lo plantearían Sgard, Liepitz o Aglietta[27] el dinero y el capital tienen un enorme potencial social, pero no son fenómenos que se autoregulen; de allí que el rol de la moneda es inseparable de la dimensión soberana constitucional. Los desequilibrios inflacionarios, la incapacidad del Banco Central para cumplir con los objetivos que se propone en su carta orgánica y la falta de confianza en la propia moneda son signo de un profundo desorden civil.  Cuando la moneda, en tanto mecanismo de integración y validación colectiva de los valores[28] se desintegra, lo que está detrás es la fragmentación socioeconómica. El comportamiento del dólar como una “moneda especial” es signo de ello; hoy parecieran surgir nuevas “monedas especiales” que siguen poniendo en jaque al peso.

Desde las instituciones estatales no solo no se ha encontrado un método para estabilizar, dar valor y restituir la función de la moneda nacional; sino que tampoco se han iniciado trabajos firmes para comprender y proyectar las funciones monetarias en un mundo cada vez más digital. La sociedad electrónica anuncia el fin del dinero tal como lo conocemos y con ello una transformación de las instituciones monetarias. Argentina se encuentra en un triple laberinto: entre un pasado traumático, un presente sin rumbo claro respecto a las políticas monetarias y un futuro hipertecnológico aun fuera del radar del Banco Central.

La función del dinero tiene que ver con la cohesión social; la economía digital trae un futuro donde, entre lo nacional y lo global, los Bancos Centrales deberán encontrar mecanismos para formas dinerarias aun en gestación.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=BxqhSIP0PGo&ab_channel=TodoNoticias

[2] Zelizer, V. (1989). The Social Meaning of Money: Special Monies. The American Journal of Sociology, 95(2), 342-377.

[3] Luzzi, Mariana y Wilkis, Ariel. (2019). El dólar. Historia de una moneda argentina (1930-2019). Buenos Aires: Crítica.

[4] FLIE (1989). El control de cambios en Argentina. Liberación cambiaria y crecimiento. Buenos Aires: Manantial.

[5] https://twitter.com/pgerchunoff?lang=es

[6] https://www.youtube.com/watch?v=BxqhSIP0PGo&ab_channel=TodoNoticias

[7] Diamand, M. (1972). La Estructura Productiva Desequilibrada Argentina y el Tipo de Cambio. Desarrollo Económico, 12(45), 25-47.

[8] Prebisch, R. (1962). El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. Boletín Económico de América Latina (1), Vol. 7.

[9] Dodd, N. (2014). The social life of money. Princeton: Princeton University Press / (2017). The social life of bitcoin. Theory, culture and society, 35(3), 35-56.

[10] https://www.ambito.com/finanzas/bitcoin/como-comprar-s-la-alternativa-legal-al-dolar-n5120167

[11] https://www.dw.com/es/francia-busca-crear-una-criptomoneda-oficial-propia-para-grandes-pagos/a-51536590

[12] https://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/suecia-esta-probando-su-version-digital-de-dinero-la-e-krona-571582635038

[13] https://www.ambito.com/economia/bitcoin/martin-redrado-propuso-que-la-argentina-lance-el-peso-digital-n5083379

[14] http://www.bcra.gov.ar/noticias/Ideas_de_Peso_Blockchain.asp

[15] Tecnologías algorítmicas fundamental de las criptomonedas.

[16] https://www.iproup.com/finanzas/15910-bitcoin-argentina-como-puede-funcionar-la-economia-digital

[17] https://www.cronista.com/tags/reservas%20banco%20central

[18] https://www.iproup.com/

[19] https://www.siliconweek.com/e-enterprise/podria-el-bitcoin-ser-una-solucion-la-inflacion-de-argentina-57480?print=print

[20] https://www.iproup.com/finanzas/16815-cepo-bitcoin-dolar-hoy-que-te-ofrecen-los-bancos-cripto

[21] OECD. (2002). The future of money. París: OECD.

[22] Aglietta, M. (2002). Whence and Whither Money? En OECD, The future of money (págs. 31-72). Paris: OECD Publications Service.

[23] Théret, B. (2015). El trípode de la moneda: deuda, soberanía y confianza. En A. y. Wilkis, El laberinto de la y las finanzas. La vida social de la economía (págs. 67-83). Buenos Aires: Biblios.

[24][24] https://www.ambito.com/finanzas/criptomonedas/el-torniquete-al-dolar-fomenta-las-n5115915

[25] https://www.infobae.com/economia/2020/07/31/volvio-el-dolar-bitcoin-como-hay-que-hacer-para-comprar-la-moneda-de-eeuu-sin-limites-a-traves-de-criptomonedas/

[26] https://financialros.com/index.php/2019/04/18/blog/inflacion-en-argentina-y-criptomonedas

[27] Escuela regulacionista.

[28] Simmel, G. (2004 [1900]). The philosophy of money. London: Routledge.

Facebook
Twitter
WhatsApp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *